Regalo de viernes

El hombre ofrecido a sus posibilidades

le da a la mujer el arte de amar

y allí estaba yo, de espaldas al desconocido

que ofrecía un trago como tantas veces seguro lo hizo inmaculado desde su misterio

la camarera entregada en su tarea de servir a la seducción de su humilde trabajo

me sugirió: acepta el de él y nada ha pasado,

solo la caricia de la proposicón de un arte milenario.

Yo me sumergí en la indiferencia del que lanza una flecha casual y esperanzado

y le devolví una copa vacía que nunca llegó a sus dedos.

Igual suceden imposibles en los sueños.

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